La historia de Tata Cuauhtli
Tata Cuauhtli nació en San Miguel Ajusco, en lo alto de Tlalpan, donde la ciudad todavía huele a pino y a tierra mojada. Su abuelo era temazcalero y curandero del pueblo: lo buscaban para el susto, el empacho, el mal aire y para pedir que la lluvia llegara a tiempo a la milpa.
Desde chamaco lo acompañaba a juntar hierbas en el monte y a calentar las piedras del temazcal. Su abuelo le enseñó a saludar a los cuatro rumbos al amanecer, a respetar el copal y a escuchar antes de curar. “Las plantas hablan”, le decía, “pero solo le hablan al que se calla”.
Cuando su abuelo se fue, el pueblo empezó a buscarlo a él. Hoy recibe a la gente en su terreno, entre piedras volcánicas y árboles viejos, donde hace ceremonias al aire libre, limpias con copal y ramas, temazcales y curaciones con la herbolaria que aprendió en familia.
Los collares de semillas que usa en las ceremonias los teje él mismo, y las flores se las llevan las personas que vienen a agradecer. Mucha gente de la ciudad sube los fines de semana a desconectarse del tráfico y a reencontrarse con algo que, dice, “todos traemos adentro aunque se nos olvide”.
Tata Cuauhtli siempre recomienda que, si hay una enfermedad, se vea también al médico: “La medicina tradicional acompaña, no pelea con nadie”. Atiende con cita, de viernes a domingo.
